TESIS SERIAS O DE PEGOTE

 

GAJES Y OFICIO DE LA INVESTIGACIÓN Y DIVULGACIÓN DEL GRAFFITI






Tesis serias o de pegote

Fernando Figueroa


Es un tema del que poco se habla, pero del que los estudiosos del grafiti o el arte urbano somos muy conscientes. Día a día tenemos que leer y dictaminar artículos o leer, corregir o evaluar TFG, TFM o tesis doctorales sobre esos temas que son auténticos despropósitos junto a trabajos entre lo correcto y lo excelente. ¿A qué puede deberse esta situación tan irregular, más en tiempos donde hay una accesibilidad al conocimiento como nunca, la grafitología ya está más que consolidada y hay incluso lecturas preliminares con indicación de correcciones para el alumno por parte de lectores?

Podríamos pensar que es un efecto del clima de licuado cultural y devaluación profesional general, que hasta influencia el ámbito académico, pero es que el mundo académico tiene por sí mismo sus propia responsabilidad al no poner coto al caldo de cultivo de esta deficiencia o al cooperar en su ocultación. 


Causas


Varias son las causas a las que hay que prestar atención:

— La ignorancia desde la universidad, departamento, profesores o directores o los mismos alumnos de que el grafiti o el arte urbano es un tema con cuerpo, un tema serio, cuyo estudio tiene ya una andadura importante en el tiempo y en el espacio. Lo que no se pasaría jamás por alto al examinar un estudio sobre el arte gótico, las vanguardias o el arte procesual se deja colar con el tema del arte urbano o el writing graffiti porque se cree que es algo muy simplón o que no tiene o tuvo trayectoria. 

Esto tiene una segunda lectura: hay alumnos que escogen el tema por considerarlo fácil o, siendo participantes, porque lo tendrán más fácil. Eso segundo no es un problema, a menos que se crean que lo saben todo por el hecho de participar en ello, y no ahondan o yerran sin que nadie a su alrededor les pueda llevar la contraria o corregirlos. De camino derecho al precipicio de los resabidos.

— Proceso acelerado. Los plazos de realización, apretados hasta lo insensato, afectan a una merma en el proceso de documentación, análisis y redacción. Este factor se ve agravado por el vicio del refrito o el picoteo de datos sin una clara conexión, ahora sobredimensionado con el uso de la IA, que ha palidecido el corta-y-pega de textos o el fusilaje de la Wikipedia y arruinado la tarea de los ghostwriters del ramo, algunos auténticos artistas. Todo lo que sale de ahí suena a ya visto y no visto si no chirría como el gozne de la puerta de un castillo de los Cárpatos: o sea, el trabajo es más de lo mismo de siempre o el autor no sabe que de lo que habla se lleva hablando décadas y lo que cuenta le hace ver como un recién llegado. Como no ha masticado y digerido a fondo el proceso documental y analítico, es incapaz de argumentar.

— Carencias básicas en comprensión lectora, capacidad analítica, criterio epistémico o en redacción y transmisión. Esto da lugar a estudios flojos, vagos, confusos, superficiales, sin hondura ni alma. Esto deja por los suelos a la institución y al mismo sistema educativo y echa una sombra de sospecha sobre el resto de titulados superiores.

Una vez me dijo alguien que eso se arreglaba después de sacarse el titulo. Por supuesto, era una profesora muy optimista, que presumía que lo que no había resuelto la primaria, la secundaria, la superior, un posgrado o el autodidactismo lo iba a solucionar el ejercicio de la docencia u otra actividad profesional o, incluso, la jubilación. Casos ha habido, no lo voy a negar, incluso sin necesidad de cursar estudios reglados; la consciencia de que hay que mejorar, tener una referencia y la fuerza de voluntad son la clave.

— Mala o pésima dirección. Los directores de tesis o desconocen el tema, no saben de metodología o no orientan. Es más, la orientación puede convertirse en desorientación o un «apáñate tú solo que lo estás haciendo muy bien» o «si has llegado hasta aquí, es que puedes hacerlo». La guinda de este salto al vacío es que se da prematuramente el visto bueno si no se ha abortado antes la tesis.

A esta cuestión se añade dos consecuencias provocadas por el deseo de «quedar bien», quedar bien con la institución y con el alumno: dos consecuencias que se pueden considerar vicios de la universidad o tapaderas de sus vergüenzas:

— La confección de tribunales amigos o inocuos. Aquí hay una cuestión de fondo que sale a la luz: 1) se sabe que el trabajo no alcanza, y se busca gente que no pueda verlo o, por deuda moral o intercambio interuniversitario, haga la vista gorda y tire por lo alto; o 2), como se considera un tema de moda, pero sin valor real, se le da cancha para que el departamento esté en la honda o a la última, brille de moderno. Aquí la ignorancia es del departamento y su profesorado, que mete la pata a fondo produciendo investigaciones que destapan su jugada, manchan su reputación y la de sus alumnos.

— El inflado de notas. Para beneficio de las estadísticas del rendimiento académico institucional y solazamiento del estudiante, rige el café para todos: ese falso consuelo que tapa la dejadez de la dirección o esa dinámica general de prestigio amañado que pulula por los departamentos («no te preocupes, el trabajo lo tienes aprobado» o «no te preocupes aquí siempre se da sobresaliente cum laude a todo el mundo»).

Pasa como antes, se devalúa la credibilidad de la institución y sus acreditaciones, al menos entre los especialistas, y se condena al alumno, que será tachado por el resto como «favorecido» o «enchufado», al igual que sus directores o departamentos se les tachará de «incompetentes» o «que se han dejado meter un gol». La profesionalidad se coloca en la picota y las tesis y las defensas se convierten en un paripé vacío de sentido.

Esto a su vez provoca efectos secundarios según la consciencia del alumno:

— Consciente, sabe que su trabajo no ha estado a la altura de los precedentes: sabe que se le ha regalado la nota: con su aceptación del estado de cosas, se le hace cómplice de la corrupción universitaria. Si tiene vergüenza, ocultará el trabajo y solo exhibirá su titulación.

— Ignorante, cree que su trabajo está a la altura o supera los precedentes: cree que se merece la nota que le han regalado: cree en la eficacia del sistema, considera que la universidad ha reconocido su valía. Si no se contenta con solo tener un título, presume de su trabajo y cualificación, entre el «nadie me comprende» o el «menudos estirados» hasta que ve la realidad del nivel que hay entre los estudiosos o en los foros serios y, de puntillas, hace mutis del foro o mantiene el perfil bajo.


¿Cómo revertir esta situación?


La única forma es ser implacables con esta corruptela y, para ello, hay varias medidas que se pueden tomar para frenar la dinámica o no cooperar en la devacle.

— Recordar día y noche que los buscadores, las redes sociales o los repositorios están ahí y están para algo, que en ellos hay mucha morralla y que no todo está en ellos. Un investigador investiga, localiza y verifica y propone, no solo hace bricomania según convenga para cerrar un tocho con apariencia de tomo y lomo.

— Exigir a sus directores al menos atención y dirección si no son competentes en el tema, y proponer alguna codirección oficial o extraoficial para compensar su desconocimiento del tema.

— Que el alumno que sabe, que no quiere autoengañarse y no sea un pícaro debe apostar por un tribunal duro para poder mirar a la cara a sus compañeros con la nota que se haya ganado, no que le hayan regalado. Si no siente esa hermandad, ese compromiso con el estudio, solo busca un título o no tiene vergüenza, que siga adelante con la farsa y reciba su título, su sobresaliente y demás honores, que los dolores le sabrán a gloria.

— Los especialistas serios deberían ofrecerse como directores o codirectores de tesis o evaluadores de un número manejable de aspirantes; por supuesto, si el estudiante vale la pena, no vamos a perder el tiempo en balde. También, para participar como miembros de tribunales, pero sin pleitesías ni zarandajas. No estamos para regalar notas o sobrevalorar al mediocre porque eso sería pegarse un tiro en el pie: es una invitación segura al descrédito propio y a la decadencia del área. No a la barra libre de titulaciones, no al sobresaliente cum laude de garrafón.

De no hacerse así, en el mundo académico ni el grafiti ni el arte urbano pasarán de ser una cosita simpática y modelna ni se tomará en serio a quienes se dedican a su estudio; seguirán engrosándose el cúmulo de trabajos útiles para sacarse un título, pero inútiles para la correcta capacitación del investigador o para el progreso de la ciencia. Si hay suerte, se olvidarán o no serán citados más que por sus iguales o imitadores. Si hay mala suerte, sus trabajos serán un lastre que interferirá o retrasará el avance de los que se toman la universidad y el grafiti o el arte urbano en serio.


¿Historiadores del graffiti? ¿Seguro?

Contra la especulación

Con dinero o sin dinero

Fotos o textos

Con pan y cebolla

Ser investigador y grafitero

Ser investigador no grafitero

La adulteración de testimonios



Comentarios